-Soliloquio de páramo-

xx

Quietud de altura

oigo la brisa sibilante

cual intruso a las afueras

de mi itinerante morada

como si

de un merodeador

se tratase

en vigilia perenne

de noche y día

Estrepitoso paso

de sereno y rocío

Quizás, un espíritu de altura

El alma de la montaña

Cándido helor de compañía

que va y viene, y golpea

y despierta

¿Acaso la montaña respira,

o es este

un latido sosegado

de la Madre Tierra?

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